Cuando llega la hora de la comida
El día a día de los niños y de las niñas está salpicado de comidas: desayuno, almuerzo, comida, merienda y la cena. En esos momentos estamos llevando a cabo una función imprescindible para la salud y para el correcto desarrollo del cuerpo.
Los alimentos cumplen una función decisiva para el bienestar del cuerpo, y son necesarios para su desarrollo.
La alimentación debe ser lo más equilibrada y variada posible, y por eso los buenos hábitos deben educarse desde muy temprano. Es ahí donde desempeña un papel decisivo la familia.
Porque vivimos y crecemos en sitios concretos, dentro de una cultura y en el seno de una familia determinada. Cada niño es un ser único y e sólo la familia es capaz de acercarse a él aceptándole tal y como es.
El día a día de los niños y de las niñas está salpicado de comidas: desayuno, almuerzo, comida, merienda y la cena. En esos momentos estamos llevando a cabo una función imprescindible para la salud y para el correcto desarrollo del cuerpo.
Pero en esas horas de las comidas van a pasar muchas cosas más:
Lavar las manos antes de comer con la ayuda de los padres, lavar los dientes después de cada comida. Ayudar a poner los platos o a recoger la mesa cuando acabamos de comer son buenas rutinas que aprendemos comida tras comida.
Hasta los sentidos del niño llega un abanico amplio de sensaciones: aparecen sabores y olores distintos, diferentes formas y texturas.
Cerca de la nariz, de la piel, de los ojos y del gusto del niño flota todo un universo de colores, sabores y olores que dan forma a la comida y a los alimentos.
En la mesa está sentada la familia que comparte la casa. Son las personas más cercanas y queridas para el niño.
Todo un lenguaje de gestos, miradas, sonrisas y sobre todo palabras enriquece el incipiente lenguaje y la capacidad de comunicación del niño.
Porque el momento de las comidas es una ocasión privilegiada para la comunicación, para la expresión y el desarrollo del lenguaje. Con la palabra nombramos los alimentos, contamos lo que sucedió a lo largo del día. Aprendemos a escuchar.
Sentados a la mesa los niños aprenden las normas y los comportamientos sociales que hacen más agradable la vida con los otros. Estamos sentados, esperamos que nos sirvan, comemos, respetamos a los demás.
Mientras comen, los niños aprenden a utilizar el tenedor y la cuchara, el vaso y todos los utensilios que irán asociando a la comida.
los más pequeños van cogiendo una mayor precisión y control motor con gestos que logran perfeccionarse después de múltiples repeticiones.
L familia come junta. Es un momento de placer, de comunicación y de aprendizajes. Porque aprenden los niños y también los padres.
Aprenden a elaborar dietas equilibradas teniendo en cuenta la cantidad y variedad de los alimentos y la cultura culinaria propia.
Aprenden a diferenciar nutrición de alimentación y a conocer en este campo las necesidades de sus hijos.
Aprenden a manipular cuidadosamente los alimentos mejorando su conservación y cuidando su elaboración y presentación.
Aprenden a preparar los momentos previos a las comidas, su desarrollo y su remate, mientras enseñan a cuidar los espacios, los objetos y, algo muy importante: a respetar el ritmo del niño que come, tan diferente del ritmo del adulto.
Y aprenden que cuando nos sentamos a la mesa comemos y también vivimos momentos muy especiales, unos momentos muy agradables en los que juntos aprendemos a ser familia.
Autor: Juan Antonio Pinto Antón
Fecha: 2006-04-21 16:11:07
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